Wednesday, March 18, 2020

Nos teníamos que parar

Gaia - Alex Grey

Hay seres que en medio de los movimientos convulsos de la humanidad saben tejer poesía con sus palabras y captar lo mas elevado de cada situación. Así vuelan las palabras de la poeta italiana Mariangela Gualtieri que regalo' un poema para estos tiempos, aquí se lo he traducido al español:

Nueve marzo dosmilveinte


Eso te quiero decir
nos teníamos que parar.
Lo sabíamos. Todos lo sentíamos
que era demasiado furioso
nuestro hacer. Estar adentro de las cosas.
Todos afuera de nosotros.
Agitar cada hora – sacarle partido.

Teníamos que parar
y no podíamos.
Había que hacerlo juntos.
Reducir la velocidad del viaje.
Pero no podíamos.
No había esfuerzo humano
que pudiera detenernos.

Y como eso
era un deseo tácito común
como una voluntad inconsciente -
quizás nuestra especie ha obedecido
ha desatado las cadenas que mantienen blindada
nuestra semilla. Abierto
las grietas más secretas
y dejado entrar.
Tal vez por eso hubo después un salto
de la especie - desde el murciélago hasta nosotros.
Algo en nosotros quería abrirse.
Quizás, no lo sé.

Ahora estamos en casa.

Es un portento lo que pasa.
Y hay oro, creo, en este extraño tiempo.
Tal vez hay regalos.
Pepitas de oro para nosotros. Si nos ayudamos.
Hay un muy fuerte llamado 
de la especie ahora y como especie ahora
cada quien se debe pensar. Un destino común
nos mantiene aquí.  Lo supimos. Pero no muy bien.
O todos o ninguno.

Es poderosa la tierra. Vive de verdad. 
Yo la siento pensando un pensamiento 
que nosotros no conocemos.
Y lo que pasa? Consideramos 
si es ella quien mueve. 
Si la ley que mantiene bien guiado
el universo entero, si cuando pasa me pregunto 
si no es plena expresión de aquella ley 
que también nos gobierna - al igual que cada estrella - cada partícula del cosmos. 

Si la materia oscura fuera ese 
tenerse juntos del todo en un ardor
de vida, con la barrendera muerte que llega
a equilibrar cada especie. 
A mantenerla dentro de su medida, en su lugar,
guiada. No somos nosotros
que hicimos el cielo. 

Una voz imponente, sin palabras 
ahora nos dice que nos quedemos en casa, como niños 
que hicieron su travesura grande, sin saber qué, 
y no tendrán besos, no serán abrazados. 
Todos adentro de una frenada 
que nos trae atrás, quizás en la lentitud 
de las antiguas ancestras, de las madres. 

Mirar más al cielo, 
teñir de ocre muerto. Hacer por primera vez 
el pan. Mirar bien una cara. Cantar 
despacito para que un niño duerma. Por primera vez 
estrechar con tu mano otra mano 
sentir fuerte el entendimiento. Que estamos juntos.
Un organismo solo. Toda la especie 
la llevamos en nosotros. En nuestro interior la salvamos. 

Aquel apretón 
de una palma con la palma de alguien 
a ese simple acto que nos está prohibido ahora - 
regresaremos con una comprensión ampliada. 
Estaremos aquí, más atentos creo. Más delicada
nuestra mano estará dentro el hacer de la vida. 
Ahora sabemos cuanto es triste 
mantenerse a un metro de distancia.

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