Tuesday, March 3, 2020

Intuición, acción y meditación Vipassana

El ser humano tiene algo maravilloso: la intuición. Esa vocecita que nos hace ir en una dirección en lugar de otra, que sabe reconocer y encontrar soluciones creativas y que también parece tener acceso a un mayor conocimiento, manifestándose come un rayo, más rápida que la razón y el sentimiento.

Cuantas veces sentimos esa voz que nos dice de hacer o no ciertas cosas, y cuantas veces le hacemos o no caso para luego decirnos "lo sabía".
Me sucede que a veces intuyo que seria lo mejor que puedo hacer o intuyo algo cuando conozco a alguien, pero no siempre actúo inmediatamente sobre la base del intuito. He entendido que hay que aprender con el tiempo a confiar la voz de la propria intuición, diferenciándola de la imaginación o el miedo. A veces puede llevar semanas, meses o años poder escucharla y pasar a una acción congruente, y es precisamente en este período de tiempo que suceden eventos, si prestas atención y captas su significado, que 
dan fuerza y empujan a accionar.

Cuando tenía veintiún años me fui sola a México con mi mochila en la espalda siguiendo una intuición, sintiendo que me hubiera hecho bien una experiencia de vida afuera de Europa. No sabia mucho sobre la cultura mexicana (de hecho casi nada), pero me guiaba una particular atracción para las culturas indígenas de Norte America que sentía desde niña y las ganas de aprender otro idioma, el español. Después de varios meses de viaje, enamorada de la tierra de México y su gente, decidí quedarme a vivir allí por un período más largo.

Considero México mi segunda tierra madre, donde he vivido ya 10 años de mi vida. Mi hija, Isha, creció en este país hasta la edad de 8 años, aunque visitabamos la familia en Italia regularmente, asì creció entre dos culturas y en el bilinguismo.

Cuando empece' a intuir que iba a emprender con ella un largo viaje afuera de México, sabia que un cambio me hubiera hecho bien. Sentía que desde un tiempo había estado viviendo en mi zona de confort sin experimentar completamente todo mi potencial, mis dones y mis talentos. No tenía motivos para quejarme, vivía una vida tranquila, sin pretensiones, pero rica en tiempo, amigos y con todas las necesidades básicas cubiertas.

En América Latina especialmente, tener un buen techo sobre la cabeza, comida, buenos amigos y el tiempo y la salud para compartir con los seres amados son razones suficientes para estar agradecidos con la vida. En general hay una mayor aceptación de la precariedad de la vida y se vive un poco más al día, con una vida más simple y con menos lujos. Quizás precisamente por esta falta de tanto bienestar material (a diferencia de Europa), en general, existe un mayor espíritu de solidaridad entre las personas, de comunidad, en la conciencia de que nos necesitamos unos a otros, y se forman relaciones cálidas y amistosas. Es como si las "barreras" que nos separan egoísticamente unos de otros estén mas aflojadas que en otros lados.

A pesar de esta vida tranquila llena de relaciones profundas, seguía encontrándome con personas que me hablaban de viajes, amigos se iban, otros regresabande esta o aquella experiencia de viaje y sentía que cada vez algo se encendía adentro de mi cuando entraba en contacto con estas historias. Sentía que con cada vez crecían las ganas de hacer ciertas experiencias, de cambiar y cuestionarme, de inspirarme y hacer algo significativo en mi vida. Desde tiempo sentía una atracción por la India, Nepal y Asia en general, pero no entendía el porqué ni cuándo hubiera podido ir allá. Tan pronto como comenzaba a pensar en hacer un viaje tan grande, mi cabeza se llenaba de incertidumbres y razones por las cuales no me sería posible en un futuro cercano.

Paralelamente, algo más comenzó a suceder: muchos de mis amigos y conocidos participaron a cursos de meditación Vipassana en la tradición de Goenka y Sayagi U Ba Kin, la meditación enseñada por el Buddha Siddhartha Gautama hace unos 2500 años.

Una vez al año, en el área donde vivía en México en el estado de Veracruz, se organizan cursos de 10 días para aprender esta técnica de meditación. Es un retiro con un programa muy lleno que comienza a las 4.30 de la mañana, donde se hace un voto de silencio y cada persona practica la técnica de meditación Vipassana tal como viene enseñada desde la mañana hasta la tarde, con algunos descansos para las comidas y el reposo y un discurso en la tarde para explicar mejor la técnica y motivar a los estudiantes de si mismos.

Así que comencé a recibir cálidos consejos de participar en uno de estos cursos. Los amigos que ya lo habían hecho me decian: "anímate te va a hacer muy bien", "es lo más profundo que he hecho", "absolutamente tienes que ir", pero sin agregar mucho más. Yo solo les miraba a la cara cuando me hablaban al respecto y me impresionaba su entusiasmo y brillito en los ojos, pero no hacia más preguntas. Después de muchas de estas fuertes recomendaciones, decidí que quería participar en uno de estos cursos, pero me sentía desanimada al instante. La mente repetia su desdichoso mantra: "no tengo quien pueda cuidar de mi hija durante tanto tiempo, no creo que pueda participar, 10 días son demasiados, no es posible, no tengo tiempo" y se enganchaba en esta excusa.

En mi interior desde tiempo intuía que la meditación me hubiera hecho muy bien, aunque no sabia mucho al respecto, y no había ido más allá de escuchar alguna meditación guiada en youtube. Menos que menos sabia en qué consistía la meditación Vipassana. Sentía que la única forma de averiguarlo era asistiendo a un curso serio e "intensivo".

Entonces, un día sucedió algo que abrió una brecha en mi mente.

Estaba de vacaciones con mi hija junto al mar, de invitada en casa de una amiga que practica la meditación Vipassana y que, justo esos días, había organizado una meditación grupal en su casa con varios meditadores. Me invitan a sentarme en silencio con ellos durante una hora, no me explican sobre la técnica de Vipassana, solo me dicen "intenta observar tus sensaciones de la respiración que entra y sale de las fosas nasales". No pierdo esta oportunidad, creo que estar con ellos me dará fuerza para intentarlo, así que me encuentro sentada con las piernas cruzadas, tratando de seguir mis inhalaciones y exhalaciones. Transcurre una hora, increíblemente no parece tan eterna, y cuando abro los ojos veo los rostros tranquilos de los otros meditadores y también me siento bien y asombrada de haberme quedado con los ojos cerrados todo ese tiempo. La mente no se había detenido por un momento, pasando de un pensamiento a otro, y había sido difícil mantener la concentración en la respiración, pero sentía algo agradable en el ambiente que me rodeaba. Después de esta experiencia me siento nuevamente determinada a tomar un curso de Vipassana de 10 días y descubrir mas sobre eso. Les comparto a mis amigos que no sé cómo ausentarme de mi hija por tanto tiempo. Dos de ellos me dicen que si les sera' posible en las fechas del curso, estarían felices de cuidar a la niña por la duración del retiro, para que yo pueda participar. En ese momento, algo se quiebra en mi mente y se abre un nuevo camino: me doy cuenta de que realmente es posible y de que hay personas dispuestas a ayudarme. En los días siguientes admiro las cualidades fuera de lo común de estas personas en términos de disponibilidad, paciencia y amabilidad, me siento muy bien con ellos.

Solo después de más de un año de este evento se me vuelve a ofrecer la oportunidad de participar en un curso. Me inscribo, pero solo unas pocas semanas antes de que comience el retiro, la situación aún parece no resuelta, los amigos que me habían ofrecido ayuda el año anterior no están y la querida amiga con quien pensé que podría dejar a mi hija durante esos días me dice que no habría podido cuidarla por toda la duración del curso. Nuevamente, me parece demasiado difícil superar mis miedos y encontrar una solución. Además, nunca he estado separada de mi hija por tantos días seguidos, a pesar de que tiene casi 8 años, todavía me parece tan pequeña, pensar que ni siquiera puedo enviarle un mensaje para saber como esta o una llamada me parece demasiado. Estoy a punto de rendirme, pero primero le envío un mensaje al amigo que abrió la primera "brecha en mi mente" ofreciéndome su ayuda hace más de un año; ahora el está en Nepal, por lo que no podrá ayudarme directamente, pero le cuento por mensaje vocal que no sé cómo hacer y que estoy pensando en cancelar mi participación en el curso. Me contesta que piense en otras posibilidades y de no desistir para no perder la oportunidad. De alguna manera me infunde una nueva determinación, hago una ronda de llamadas a algunos amigos cercanos con los que está acostumbrada en convivir mi hija y en poco tiempo organicé un grupo de personas que la cuidarán durante los días del curso, que la llevaran a la escuela, que le harán de comer y estaran con ella todos los días. No he encontrado una única persona para todos los diez días, si no que más de una: la unión hace la fuerza. Mi hija también está encantada de estar con sus tíos y primos por unos días (así considere algunos amigos). Ella siempre ha sido una chica independiente a la que le gusta estar en compañía y experimenta este cambio de rutina con emoción, como si anduviera de viaje, también me anima a ir al curso!

En mi mente permanecen los temores clásicos de una madre apegada a su hija, pero no tengo más excusas , sé que mis amigos cuidarán muy bien a Isha y al final el curso solo está aquí a unos km de casa, en caso de emergencia, siempre puedo salir del centro de meditación antes que finalize el curso.

Lo que sucedió durante el primer curso de Vipassana y con la práctica de meditación diaria que le siguió dio una vuelta en mi vida y fue de enorme beneficio. Me di cuenta claramente de una manera experimental (no solo porque lo había leído en algún lugar o entendido intelectualmente o porque me lo había dicho algún terapeuta) cuánto mis elecciones y acciones estaban determinadas por los condicionamientos. Especialmente comencé a comprender y vislumbrar dónde se originaban todas esas reacciones que formaban mi vida momento tras momento y cómo comportarme si quería cultivar una cierta capacidad de desapego en el momento de tomar decisiones importantes, para poder elegir lo realmente beneficioso para mí y para los demás, y como vivir mas en paz. Quería hacer un viaje a la India pero me di cuenta de que el viaje más importante que tenía que emprender era el que me llevaba dentro de mi misma, y para esto no necesitaba ir tan lejos. Entender cómo funciono, cómo vivir una vida saludable, dónde no hago daño a mi misma ni a los demás, y donde hago mi mejor esfuerzo, se ha convertido en lo más importante (y lo sigue siendo). Vivir la libertad verdadera es una experiencia interior.

Algunos meses después del curso decidí mudarme a Italia con mi hija cerca de un centro de meditación Vipassana en Italia para hacer un período de voluntariado. Decidí que la meditación seria mi punto de partida.

Todos los cursos de Vipassana, en la tradición de Goenka, son gratuitos. Están organizados por meditadores que ofrecen su tiempo y trabajo para permitir que otras personas aprendan esta técnica de meditación. Solo después de terminar un curso completo de 10 días es posible hacer una donación a la asociación para que se puedan organizar más cursos para otras personas. 

Comprendí que esta técnica que me estaba ayudando tanto me llego' gracias al esfuerzo de muchas personas y después de conocer a algunos que se encargaban de la organización de los cursos, me dejé inspirar y decidí que antes de cualquier viaje a tierras lejanas habría sido de mayor beneficio profundizar la técnica de meditación. Hacer servicio en un centro de Vipassana significa meditar y trabajar meditando, en un contexto que facilita y propicia mucho la auto-observación. Teniendo la oportunidad de dar algo a los demás, pronto queda claro que en realidad uno se está ayudando a sí mismo a través de los otros. En realidad es una especie de sano egoísmo el que empuja a las personas al servicio

Así que dejé México, una tierra que amo profundamente y muy queridas relaciones para profundizar esta técnica en mi tierra natal, aprovechando también estar más cerca de mi familia de origen y volver a mi cultura natal después de muchos años y con una nueva perspectiva.

Gracias al servicio pude aprender mucho e hice nuevos amigos que me apoyaron en el camino, incluso cuidando a mi hija, para poder dedicar más tiempo a la meditación participando en otros retiros. Al final hasta se dio' que el amigo que me había ayudado a “abrir una brecha en mi mente” me cuido' Isha por todo un curso como había dicho unos dos años antes. Mi hija pudo vivir por primera vez en su tierra natal (donde había vivido los primeros 9 meses de su vida antes de  vivir en México), aprendiendo mejor su segundo idioma y atendiendo la escuela en Italia, viviendo las cuatro estaciones en este país, entrando más en contacto con su cultura. Ha experimentado grandes cambios, ciertamente fue un desafío para ella adaptarse a un nuevo sistema escolar, hacer nuevos amigos, pero sobre todo vivir y aceptar el desprendimiento de personas muy queridas en México y para mi acompañarla en todo esto, con todas sus emociones y dificultades. Al mismo tiempo, ha experimentado cosas nuevas con gran alegría y emoción, como ir a una nueva escuela, nuevos paisajes, estaciones (invierno con nieve), relaciones, comida y tradiciones. Juntas también participamos en pequeños cursos de meditación para niños y niñas. Siento que esta experiencia fue para ella como recibir una pequeña semilla que creciendo y, si lo desea, la ayudará a enfrentar los cambios de la vida con más paz y confianza en sí misma.

Después de un año y medio de práctica diaria de meditación y de haber practicado una buena dosis de flexibilidad, desapego y de creatividad en la resolución de problemas, me sentí lista para embarcarme en un viaje a la India con mi hija en el "justo estado mental" y reponerme en juego en el mundo.

***

Para quienes quisiera descubrir mas sobre los cursos de Vipassana en México:

y en el mundo:

Entrada a Dhamma Atala, centro de meditación Vipassana

Mi casita, bajo la tormenta de nieve
Después de la tormenta, el sereno


No comments:

Post a Comment

Bosque amante obscuro

 Otra poesía que he traducido "artesanalmente" al español de mi poetisa favorita italiana Mariangela Gualtieri,. Que la disfruten ...