Saturday, September 3, 2022

Bosque amante obscuro

 Otra poesía que he traducido "artesanalmente" al español de mi poetisa favorita italiana Mariangela Gualtieri,.

Que la disfruten :)


Bosque amante obscuro


Entra en el bosque.

De vez en cuando suelta

y luego entra en el bosque.

Entra sola en el bosque. Entra

despacio.


El primer grito de pájaro

es tu nombre.


Si encuentras agua, entre al agua.

Si encuentra lodo, entra. Planta

tus pies tus manos donde la tierra cede

y tu paso dispara

la alerta grande el aliento suspendido

del bosque.

Luego baja de nuevo donde solo hay

sombra. Siente las criaturas sin luz.

Quédate inmóvil. Calla.


Y cuando el corazón

más fuerte late, detente - escucha -

dale nombre al miedo.

Estudia bien su trono.

Como cambia la respiración

cómo te tiene. Entonces baja

en lo más espeso del bosque. Tiembla más fuerte.

Mira como tiemblas. Estudia - cómo se enciende

el poderoso miedo. Aprende sus señuelos

en la sagrada masa donde la muerte

sale del cascarón.


Es este el lugar donde todo el cielo

cae y viene. La tierra lo deja hacer

y todo liga todo se mezcla y crece.

Todo va como debe, cose

y descoce, se hunde se eleva y se expande

muriendo alimenta a sí mismo mientras nace.


El segundo pájaro que golpeando

las alas te atemoriza, ordena esto:

deja que el bosque entre. El miedo

ha bajado de su trono.


Ahora reza. Perfectamente.

La oración es escucha y tú estás ahora

en el más perfecto templo de la tierra.

Entonces cuando aparece mas adelante

el corzo, o increíble el ciervo

girando su cabeza de fenómeno

te mira desde su gran silencio

de animal, siéntete bendecido por la tierra

y por el cielo.

A través de ti la especie nuestra va a beber.


Entonces regresa a casa.

Vuelve - estudia - haz lo tuyo

bien. Quédate cerca

quédate adentro de la tambaleante especie. Nuestra.


Pero luego ve al bosque. Para todos ve,

reza para todos tu. Toma también para nosotros

los poderes del bosque. Manten viva

la inquieta torcida especie con orcos.

La arrogante nuestra. Sostenla tu entre las manos.


Mariangela Gualtieri








Sunday, May 10, 2020

Poema para las mujeres de Mariangela Gualtieri



Hoy les traduzco un poema de Mariangela Gualtieri que me gusta mucho. Lo quiero dedicar a todas las mujeres madres, con o sin hijos, de sueños en la tierra.


Hay mujeres llenas de amor
son espadas, horquillas y ases
en la manga. 
Vitalidad sobresale 
de los pezones por una pequeña leche 
para el niño. La estructura celeste les afecta 
aquel tejer al enigma 
hasta el velo que se movió levemente
hasta las sondas agudas
de concentración. 

No son mujeres en verdad 
sino pájaros asomados en las crías 
indefensas. Entra el verano 
en la ropa 
y se mete 
en un sudor de huesos delicados. 

Están aquí. Llevan parte del peso 
un polvo de estrellas primarias. 
Ayudan riendo 
las orillas de un cielo 
imperfecto que a veces cae. 

Lloran. De vez en cuando. 
Aquel estropearse del pan 
el grave precipicio del tiempo.
Son que no hay en el mundo 
boca que ría mejor 
de aquella llama de ellas. O ligereza 
a la orilla de los niños. 

No hay nada que perfore 
como el incendio de fiesta 
de aquella risa. Son cabañas 
donde el cansado peregrino 
llora 
un poco 
en tardes sombrías de gravedad terrenal. 

Dicen: «Nacemos hacia adelante. Hacia la fuente 
de toda una luz. Hacia el aquí. 
Hacia el tiempo. Hacia la nada. Cálmate ahora». 

Por eso están aquí. Traer la palabra. 
Reír. Estar sin pensamiento. 
Dar de comer. Ser cambio genial. 
Limpiar donde se ensucia. Milagrar. 
Son una obra entera de amor 
bordada de estrellas.


***


Ci sono donne gonfie d’amore
sono spade e forcelle e assi
nella manica.
Vitalità si sporge
dai capezzoli per un latte piccolo
all’infante. Le condiziona la struttura celeste
quel tessere l’enigma
fino al velo scostato per pochissimo
fino alle sonde acute di concentrazione.


Non sono donne in verità
ma passeri sporgenti su nidiate
inermi. L’estate entra
nei vestiti
e s’infila
in un sudore d’ossa delicate.


Sono qui. Portano parte del peso
una polvere di stelle primarie.
Soccorrono ridendo
le sponde d’un cielo
imperfetto che a volte cade.


Piangono. Ogni tanto.
Quel guastarsi del pane
il grave precipizio del tempo.
Sono che non c’è al mondo
bocca che rida meglio
di quella loro fiamma. O leggerezza
in sponda d’infante.


Niente c’è che perfori
come l’incendio a festa
di quel riso. Sono capanne
dove lo stanco pellegrino
piange
un poco
in sere cupe di gravità terrestre.


Dicono «Si nasce in avanti. Verso la fonte
di tutta una luce. Al qui.
Al tempo. Al niente. Càlmati ora».


Sono qui per questo. Portare la parola.
Ridere. Stare senza pensiero.
Dare da mangiare. Essere geniale svolta.
Pulire dove si sporca. Miracolare.
Sono opera intera d’un amore
trapuntato di stelle.
Mia mamma

Wednesday, March 18, 2020

Nos teníamos que parar

Gaia - Alex Grey

Hay seres que en medio de los movimientos convulsos de la humanidad saben tejer poesía con sus palabras y captar lo mas elevado de cada situación. Así vuelan las palabras de la poeta italiana Mariangela Gualtieri que regalo' un poema para estos tiempos, aquí se lo he traducido al español:

Nueve marzo dosmilveinte


Eso te quiero decir
nos teníamos que parar.
Lo sabíamos. Todos lo sentíamos
que era demasiado furioso
nuestro hacer. Estar adentro de las cosas.
Todos afuera de nosotros.
Agitar cada hora – sacarle partido.

Teníamos que parar
y no podíamos.
Había que hacerlo juntos.
Reducir la velocidad del viaje.
Pero no podíamos.
No había esfuerzo humano
que pudiera detenernos.

Y como eso
era un deseo tácito común
como una voluntad inconsciente -
quizás nuestra especie ha obedecido
ha desatado las cadenas que mantienen blindada
nuestra semilla. Abierto
las grietas más secretas
y dejado entrar.
Tal vez por eso hubo después un salto
de la especie - desde el murciélago hasta nosotros.
Algo en nosotros quería abrirse.
Quizás, no lo sé.

Ahora estamos en casa.

Es un portento lo que pasa.
Y hay oro, creo, en este extraño tiempo.
Tal vez hay regalos.
Pepitas de oro para nosotros. Si nos ayudamos.
Hay un muy fuerte llamado 
de la especie ahora y como especie ahora
cada quien se debe pensar. Un destino común
nos mantiene aquí.  Lo supimos. Pero no muy bien.
O todos o ninguno.

Es poderosa la tierra. Vive de verdad. 
Yo la siento pensando un pensamiento 
que nosotros no conocemos.
Y lo que pasa? Consideramos 
si es ella quien mueve. 
Si la ley que mantiene bien guiado
el universo entero, si cuando pasa me pregunto 
si no es plena expresión de aquella ley 
que también nos gobierna - al igual que cada estrella - cada partícula del cosmos. 

Si la materia oscura fuera ese 
tenerse juntos del todo en un ardor
de vida, con la barrendera muerte que llega
a equilibrar cada especie. 
A mantenerla dentro de su medida, en su lugar,
guiada. No somos nosotros
que hicimos el cielo. 

Una voz imponente, sin palabras 
ahora nos dice que nos quedemos en casa, como niños 
que hicieron su travesura grande, sin saber qué, 
y no tendrán besos, no serán abrazados. 
Todos adentro de una frenada 
que nos trae atrás, quizás en la lentitud 
de las antiguas ancestras, de las madres. 

Mirar más al cielo, 
teñir de ocre muerto. Hacer por primera vez 
el pan. Mirar bien una cara. Cantar 
despacito para que un niño duerma. Por primera vez 
estrechar con tu mano otra mano 
sentir fuerte el entendimiento. Que estamos juntos.
Un organismo solo. Toda la especie 
la llevamos en nosotros. En nuestro interior la salvamos. 

Aquel apretón 
de una palma con la palma de alguien 
a ese simple acto que nos está prohibido ahora - 
regresaremos con una comprensión ampliada. 
Estaremos aquí, más atentos creo. Más delicada
nuestra mano estará dentro el hacer de la vida. 
Ahora sabemos cuanto es triste 
mantenerse a un metro de distancia.

Tuesday, March 3, 2020

Intuición, acción y meditación Vipassana

El ser humano tiene algo maravilloso: la intuición. Esa vocecita que nos hace ir en una dirección en lugar de otra, que sabe reconocer y encontrar soluciones creativas y que también parece tener acceso a un mayor conocimiento, manifestándose come un rayo, más rápida que la razón y el sentimiento.

Cuantas veces sentimos esa voz que nos dice de hacer o no ciertas cosas, y cuantas veces le hacemos o no caso para luego decirnos "lo sabía".
Me sucede que a veces intuyo que seria lo mejor que puedo hacer o intuyo algo cuando conozco a alguien, pero no siempre actúo inmediatamente sobre la base del intuito. He entendido que hay que aprender con el tiempo a confiar la voz de la propria intuición, diferenciándola de la imaginación o el miedo. A veces puede llevar semanas, meses o años poder escucharla y pasar a una acción congruente, y es precisamente en este período de tiempo que suceden eventos, si prestas atención y captas su significado, que 
dan fuerza y empujan a accionar.

Cuando tenía veintiún años me fui sola a México con mi mochila en la espalda siguiendo una intuición, sintiendo que me hubiera hecho bien una experiencia de vida afuera de Europa. No sabia mucho sobre la cultura mexicana (de hecho casi nada), pero me guiaba una particular atracción para las culturas indígenas de Norte America que sentía desde niña y las ganas de aprender otro idioma, el español. Después de varios meses de viaje, enamorada de la tierra de México y su gente, decidí quedarme a vivir allí por un período más largo.

Considero México mi segunda tierra madre, donde he vivido ya 10 años de mi vida. Mi hija, Isha, creció en este país hasta la edad de 8 años, aunque visitabamos la familia en Italia regularmente, asì creció entre dos culturas y en el bilinguismo.

Cuando empece' a intuir que iba a emprender con ella un largo viaje afuera de México, sabia que un cambio me hubiera hecho bien. Sentía que desde un tiempo había estado viviendo en mi zona de confort sin experimentar completamente todo mi potencial, mis dones y mis talentos. No tenía motivos para quejarme, vivía una vida tranquila, sin pretensiones, pero rica en tiempo, amigos y con todas las necesidades básicas cubiertas.

En América Latina especialmente, tener un buen techo sobre la cabeza, comida, buenos amigos y el tiempo y la salud para compartir con los seres amados son razones suficientes para estar agradecidos con la vida. En general hay una mayor aceptación de la precariedad de la vida y se vive un poco más al día, con una vida más simple y con menos lujos. Quizás precisamente por esta falta de tanto bienestar material (a diferencia de Europa), en general, existe un mayor espíritu de solidaridad entre las personas, de comunidad, en la conciencia de que nos necesitamos unos a otros, y se forman relaciones cálidas y amistosas. Es como si las "barreras" que nos separan egoísticamente unos de otros estén mas aflojadas que en otros lados.

A pesar de esta vida tranquila llena de relaciones profundas, seguía encontrándome con personas que me hablaban de viajes, amigos se iban, otros regresabande esta o aquella experiencia de viaje y sentía que cada vez algo se encendía adentro de mi cuando entraba en contacto con estas historias. Sentía que con cada vez crecían las ganas de hacer ciertas experiencias, de cambiar y cuestionarme, de inspirarme y hacer algo significativo en mi vida. Desde tiempo sentía una atracción por la India, Nepal y Asia en general, pero no entendía el porqué ni cuándo hubiera podido ir allá. Tan pronto como comenzaba a pensar en hacer un viaje tan grande, mi cabeza se llenaba de incertidumbres y razones por las cuales no me sería posible en un futuro cercano.

Paralelamente, algo más comenzó a suceder: muchos de mis amigos y conocidos participaron a cursos de meditación Vipassana en la tradición de Goenka y Sayagi U Ba Kin, la meditación enseñada por el Buddha Siddhartha Gautama hace unos 2500 años.

Una vez al año, en el área donde vivía en México en el estado de Veracruz, se organizan cursos de 10 días para aprender esta técnica de meditación. Es un retiro con un programa muy lleno que comienza a las 4.30 de la mañana, donde se hace un voto de silencio y cada persona practica la técnica de meditación Vipassana tal como viene enseñada desde la mañana hasta la tarde, con algunos descansos para las comidas y el reposo y un discurso en la tarde para explicar mejor la técnica y motivar a los estudiantes de si mismos.

Así que comencé a recibir cálidos consejos de participar en uno de estos cursos. Los amigos que ya lo habían hecho me decian: "anímate te va a hacer muy bien", "es lo más profundo que he hecho", "absolutamente tienes que ir", pero sin agregar mucho más. Yo solo les miraba a la cara cuando me hablaban al respecto y me impresionaba su entusiasmo y brillito en los ojos, pero no hacia más preguntas. Después de muchas de estas fuertes recomendaciones, decidí que quería participar en uno de estos cursos, pero me sentía desanimada al instante. La mente repetia su desdichoso mantra: "no tengo quien pueda cuidar de mi hija durante tanto tiempo, no creo que pueda participar, 10 días son demasiados, no es posible, no tengo tiempo" y se enganchaba en esta excusa.

En mi interior desde tiempo intuía que la meditación me hubiera hecho muy bien, aunque no sabia mucho al respecto, y no había ido más allá de escuchar alguna meditación guiada en youtube. Menos que menos sabia en qué consistía la meditación Vipassana. Sentía que la única forma de averiguarlo era asistiendo a un curso serio e "intensivo".

Entonces, un día sucedió algo que abrió una brecha en mi mente.

Estaba de vacaciones con mi hija junto al mar, de invitada en casa de una amiga que practica la meditación Vipassana y que, justo esos días, había organizado una meditación grupal en su casa con varios meditadores. Me invitan a sentarme en silencio con ellos durante una hora, no me explican sobre la técnica de Vipassana, solo me dicen "intenta observar tus sensaciones de la respiración que entra y sale de las fosas nasales". No pierdo esta oportunidad, creo que estar con ellos me dará fuerza para intentarlo, así que me encuentro sentada con las piernas cruzadas, tratando de seguir mis inhalaciones y exhalaciones. Transcurre una hora, increíblemente no parece tan eterna, y cuando abro los ojos veo los rostros tranquilos de los otros meditadores y también me siento bien y asombrada de haberme quedado con los ojos cerrados todo ese tiempo. La mente no se había detenido por un momento, pasando de un pensamiento a otro, y había sido difícil mantener la concentración en la respiración, pero sentía algo agradable en el ambiente que me rodeaba. Después de esta experiencia me siento nuevamente determinada a tomar un curso de Vipassana de 10 días y descubrir mas sobre eso. Les comparto a mis amigos que no sé cómo ausentarme de mi hija por tanto tiempo. Dos de ellos me dicen que si les sera' posible en las fechas del curso, estarían felices de cuidar a la niña por la duración del retiro, para que yo pueda participar. En ese momento, algo se quiebra en mi mente y se abre un nuevo camino: me doy cuenta de que realmente es posible y de que hay personas dispuestas a ayudarme. En los días siguientes admiro las cualidades fuera de lo común de estas personas en términos de disponibilidad, paciencia y amabilidad, me siento muy bien con ellos.

Solo después de más de un año de este evento se me vuelve a ofrecer la oportunidad de participar en un curso. Me inscribo, pero solo unas pocas semanas antes de que comience el retiro, la situación aún parece no resuelta, los amigos que me habían ofrecido ayuda el año anterior no están y la querida amiga con quien pensé que podría dejar a mi hija durante esos días me dice que no habría podido cuidarla por toda la duración del curso. Nuevamente, me parece demasiado difícil superar mis miedos y encontrar una solución. Además, nunca he estado separada de mi hija por tantos días seguidos, a pesar de que tiene casi 8 años, todavía me parece tan pequeña, pensar que ni siquiera puedo enviarle un mensaje para saber como esta o una llamada me parece demasiado. Estoy a punto de rendirme, pero primero le envío un mensaje al amigo que abrió la primera "brecha en mi mente" ofreciéndome su ayuda hace más de un año; ahora el está en Nepal, por lo que no podrá ayudarme directamente, pero le cuento por mensaje vocal que no sé cómo hacer y que estoy pensando en cancelar mi participación en el curso. Me contesta que piense en otras posibilidades y de no desistir para no perder la oportunidad. De alguna manera me infunde una nueva determinación, hago una ronda de llamadas a algunos amigos cercanos con los que está acostumbrada en convivir mi hija y en poco tiempo organicé un grupo de personas que la cuidarán durante los días del curso, que la llevaran a la escuela, que le harán de comer y estaran con ella todos los días. No he encontrado una única persona para todos los diez días, si no que más de una: la unión hace la fuerza. Mi hija también está encantada de estar con sus tíos y primos por unos días (así considere algunos amigos). Ella siempre ha sido una chica independiente a la que le gusta estar en compañía y experimenta este cambio de rutina con emoción, como si anduviera de viaje, también me anima a ir al curso!

En mi mente permanecen los temores clásicos de una madre apegada a su hija, pero no tengo más excusas , sé que mis amigos cuidarán muy bien a Isha y al final el curso solo está aquí a unos km de casa, en caso de emergencia, siempre puedo salir del centro de meditación antes que finalize el curso.

Lo que sucedió durante el primer curso de Vipassana y con la práctica de meditación diaria que le siguió dio una vuelta en mi vida y fue de enorme beneficio. Me di cuenta claramente de una manera experimental (no solo porque lo había leído en algún lugar o entendido intelectualmente o porque me lo había dicho algún terapeuta) cuánto mis elecciones y acciones estaban determinadas por los condicionamientos. Especialmente comencé a comprender y vislumbrar dónde se originaban todas esas reacciones que formaban mi vida momento tras momento y cómo comportarme si quería cultivar una cierta capacidad de desapego en el momento de tomar decisiones importantes, para poder elegir lo realmente beneficioso para mí y para los demás, y como vivir mas en paz. Quería hacer un viaje a la India pero me di cuenta de que el viaje más importante que tenía que emprender era el que me llevaba dentro de mi misma, y para esto no necesitaba ir tan lejos. Entender cómo funciono, cómo vivir una vida saludable, dónde no hago daño a mi misma ni a los demás, y donde hago mi mejor esfuerzo, se ha convertido en lo más importante (y lo sigue siendo). Vivir la libertad verdadera es una experiencia interior.

Algunos meses después del curso decidí mudarme a Italia con mi hija cerca de un centro de meditación Vipassana en Italia para hacer un período de voluntariado. Decidí que la meditación seria mi punto de partida.

Todos los cursos de Vipassana, en la tradición de Goenka, son gratuitos. Están organizados por meditadores que ofrecen su tiempo y trabajo para permitir que otras personas aprendan esta técnica de meditación. Solo después de terminar un curso completo de 10 días es posible hacer una donación a la asociación para que se puedan organizar más cursos para otras personas. 

Comprendí que esta técnica que me estaba ayudando tanto me llego' gracias al esfuerzo de muchas personas y después de conocer a algunos que se encargaban de la organización de los cursos, me dejé inspirar y decidí que antes de cualquier viaje a tierras lejanas habría sido de mayor beneficio profundizar la técnica de meditación. Hacer servicio en un centro de Vipassana significa meditar y trabajar meditando, en un contexto que facilita y propicia mucho la auto-observación. Teniendo la oportunidad de dar algo a los demás, pronto queda claro que en realidad uno se está ayudando a sí mismo a través de los otros. En realidad es una especie de sano egoísmo el que empuja a las personas al servicio

Así que dejé México, una tierra que amo profundamente y muy queridas relaciones para profundizar esta técnica en mi tierra natal, aprovechando también estar más cerca de mi familia de origen y volver a mi cultura natal después de muchos años y con una nueva perspectiva.

Gracias al servicio pude aprender mucho e hice nuevos amigos que me apoyaron en el camino, incluso cuidando a mi hija, para poder dedicar más tiempo a la meditación participando en otros retiros. Al final hasta se dio' que el amigo que me había ayudado a “abrir una brecha en mi mente” me cuido' Isha por todo un curso como había dicho unos dos años antes. Mi hija pudo vivir por primera vez en su tierra natal (donde había vivido los primeros 9 meses de su vida antes de  vivir en México), aprendiendo mejor su segundo idioma y atendiendo la escuela en Italia, viviendo las cuatro estaciones en este país, entrando más en contacto con su cultura. Ha experimentado grandes cambios, ciertamente fue un desafío para ella adaptarse a un nuevo sistema escolar, hacer nuevos amigos, pero sobre todo vivir y aceptar el desprendimiento de personas muy queridas en México y para mi acompañarla en todo esto, con todas sus emociones y dificultades. Al mismo tiempo, ha experimentado cosas nuevas con gran alegría y emoción, como ir a una nueva escuela, nuevos paisajes, estaciones (invierno con nieve), relaciones, comida y tradiciones. Juntas también participamos en pequeños cursos de meditación para niños y niñas. Siento que esta experiencia fue para ella como recibir una pequeña semilla que creciendo y, si lo desea, la ayudará a enfrentar los cambios de la vida con más paz y confianza en sí misma.

Después de un año y medio de práctica diaria de meditación y de haber practicado una buena dosis de flexibilidad, desapego y de creatividad en la resolución de problemas, me sentí lista para embarcarme en un viaje a la India con mi hija en el "justo estado mental" y reponerme en juego en el mundo.

***

Para quienes quisiera descubrir mas sobre los cursos de Vipassana en México:

y en el mundo:

Entrada a Dhamma Atala, centro de meditación Vipassana

Mi casita, bajo la tormenta de nieve
Después de la tormenta, el sereno


Tuesday, February 18, 2020

Intuizione, azione e meditazione Vipassana

L'essere umano possiede qualcosa di meraviglioso: l'intuito. Quella vocina che ci fa andare in una direzione invece che in un'altra, che sa riconoscere e dare soluzioni creative e che sembra avere accesso alla più grande conoscenza, manifestandosi come un fulmine, più veloce della ragione e del sentimento.

Quante volte sentiamo quella voce che ci dice di fare o non fare certe cose, e quante volte la ascoltiamo o non la ascoltiamo per poi magari pentircene dicendo “lo sapevo”.


Mi succede che a volte “intuisco” ciò che sarebbe la cosa migliore da fare, o intuisco qualcosa quando conosco qualcuno, però non sempre agisco immediatamente in base all'intuito. Mi rendo conto che per ascoltare la propria intuizione, bisogna averne fiducia, imparare a riconoscerne la voce, differenziandola da quella dell'immaginazione o dalla paura. A volte possono volerci settimane, mesi o anni per potera ascoltare e passare ad una azione congruente, ed è proprio in questo lasso di tempo che si verificano eventi che, se uno presta attenzione e sa coglierne il significato, ci danno forza e spingono ad aver coraggio ed agire.


Quando avevo ventun'anni sono partita da sola per il Messico con lo zaino in spalla seguendo un'intuizione, sentendo che mi avrebbe fatto bene un'esperienza di vita fuori dall'Europa. Non conoscevo molto della cultura messicana (poco o niente), ma mi guidava una particolare attrazzione per le culture indigene del Nord America che sentivo fin da piccola e la voglia di imparare lo spagnolo. Dopo vari mesi di viaggio, innamorata di quella terra e della sua gente ho deciso di rimanere a vivere lì per un periodo più lungo.


Considero il Messico la mia seconda terra madre, dove ho vissuto per 10 anni della mia vita. Mia figlia, Isha, è cresciuta lì fino all'età di 8 anni, anche se visitavamo regolarmente la famiglia in Italia, infatti fin da piccola è vissuta un po' tra due culture e nel bilinguismo.


Quando ho iniziato a intuire che sarei partita per un lungo viaggio insieme a lei lontano dal Messico, sapevo che un cambiamento mi avrebbe fatto bene. Sentivo che da tempo stavo vivendo nella mia zona di confort senza vivere al pieno tutte le mie potenzialità, i miei doni e i miei talenti. Non avevo nessuna ragione per lamentarmi, vivevo una vita tranquilla, senza tante pretese, ma ricca di tempo, di amici e con tutte le necessità basiche coperte.


In america latina avere un buon tetto sulla testa, da mangiare, buoni amici ed il tempo e la salute da condividere con le persone amate, sono ragioni sufficienti per gioire della vita. In generale c'è una maggiore accettazione della precarietà della vita e si vive un po' più alla giornata, facendo una vita più semplice e con meno lussi. Forse proprio per questa mancanza di così tanto benessere materiale (a differenza dell'Europa), è presente un maggior spirito di solidarietà tra le persone, nella consapevolezza che abbiamo bisogno gli uni degli altri, e si tessono relazioni di amicizia calde e sincere. E' come se le “barriere” che ci separano egoisticamente l'uno dall'altro, siano allentate, più deboli.


Nonostante questa vita tranquilla e ricca di relazioni profonde continuavo ad incontrarmi con persone che mi parlavano di viaggi, degli amici partivano, altri tornavano, per questa o quella esperienza all'estero e sentivo ogni volta qualcosa accendersi dentro di me. Sentivo come ad ogni racconto cresceva la voglia di fare anche io certe esperienze, di cambiare e rimettermi in discussione, e di ispirarmi a fare qualcosa di nuovo e significativo nella mia vita.
Da tempo sentivo un'attrazione per l'India, il Nepal, e l'Asia in generale, però non riuscivo a capire perchè o quando ci sarei potuta andare. Appena iniziavo a pensare di fare questo viaggio mi si riempiva la testa di incertezze e ragioni per le quali non mi sarebbe stato possibile in un futuro prossimo.


Simultaneamente è iniziata a succedere un'altra cosa: moltissimi dei miei amici e conoscenti hanno partecipato a dei corsi di meditazione Vipassana nella tradizione di Goenka e Sayagi U Ba Kin, la meditazione insegnata dal Buddha Siddharta Gautama circa 2500 anni fa.


Una volta l'anno, nella zona dove vivevo in Messico nello stato di Veracruz, vengono organizzati corsi di 10 giorni per imparare questa tecnica di meditazione. Si tratta di un ritiro con un programma molto fitto che inizia alle 4.30 del mattino, dove si fa voto di silenzio ed ogniuno pratica la meditazione Vipassana così come gli viene viene insegnata dalla mattina fino alla sera, con qualche pausa per i pasti, il riposo ed un discorso serale mirato a spiegare meglio la tecnica e infondere incoraggiamento per i giorni a seguire.


Ho iniziato quindi a ricevere caldi consigli a partecipare ad uno di questi corsi, gli amici che già c'erano stati mi dicevano: “ti farà bene”, “è la cosa più profonda che io abbia mai fatto”, “devi assolutamente parteciparvi”, ma senza aggiungere molto di più. Io semplicemente guardavo le loro facce quando me ne parlavano e rimanevo colpita dal loro entusiasmo, ma non facevo altre domande. Dopo un bel po' di queste forti raccomandazioni, ho deciso che avrei voluto partecipare ad uno di questi corsi, ma mi sentivo comunque scoraggiata, la mia mente ripeteva “non ho nessuno che si possa prendere cura di mia figlia per così tanto tempo, non penso potrei parteciparvi, 10 giorni sono troppi, come si fa, non ne ho il tempo” e si agganciava a questa scusa.


Dentro di me da tempo intuivo che la meditazione mi avrebbe fatto molto bene, anche se non ne sapevo molto al riguardo, e non ero andate oltre l'ascoltare qualche meditazione guidata su youtube, o stare in silenzio per qualche minuto nelle lezioni di yoga. Meno che meno sapevo in cosa consistesse la meditazione Vipassana, ma presentivo che l'unico modo per scoprirlo veramente sarebbe stato assistendo ad un ritiro serio ed “intensivo”.


Un giorno poi è successo qualcosa che ha aperto una breccia nella mia mente.


Ero in vacanza con mia figlia al mare, ospite a casa di una amica meditatrice di Vipassana che guardacaso aveva organizzato una meditazione di gruppo a casa sua con vari meditatori. Mi invitano a sedermi in silenzio con loro per la durata di un'ora, non mi spiegano nulla sulla tecnica di Vipassana, solamente mi dicono “prova ad osservare le sensazioni del respiro che entra ed esce dalle narici”. Non mi faccio perdere questa opportunità, penso che il fatto di essere con loro mi darà forza e così mi ritrovo seduta a gambe incrociate insieme a loro, cercando di seguire le mie inalazioni ed esalazioni. Un'ora passa, incredibilmente non mi è sembrata così eterna, ed all'aprire gli occhi vedo i visi tranquilli degli altri meditatori ed anche io mi sento bene e stupefatta dall'essere rimasta per tutto quel tempo seduta ad occhi chiusi. La mente non si era fermata un attimo, passando da un pensiero all'altro, per questo era stato difficile mantenere la concentrazione sul respiro, ma sentivo una bella atmosfera che mi circondava. Dopo questa esperienza mi sento nuovamente determinata a fare un corso di Vipassana di 10 giorni e scoprirne di più, ma spiego ai miei amici che non so come poter assentarmi da mia figlia per così tanto tempo, dato che il papà  non c'è  e non ho familiari in Messico. Due di loro, mi dicono che se gli sarà possibile nel periodo del corso, sarebbero felici di prendersi cura della bambina per la durata del ritiro, in modo che io possa parteciparvi. In quel momento qualcosa scricchiola nella mia mente, e si apre un varco tra i pensieri pessimisti e sfiduciosi: mi rendo conto che realemente è possibile, e che ci sono persone disposte ad aiutarmi e che sta a me aprirmi a che succeda. Nei giorni seguenti ammiro le qualità fuori dal comune di queste persone in quanto a disponibilità, pazienza e gentilezza, sto molto bene con loro.


Solamente dopo più di un anno da quest'evento mi si ripresenta di nuovo l'opportunità di partecipare ad un corso. Mi iscrivo, ma proprio qualche settimana prima che inizi il ritiro la situazione sembra ancora irrisolta, gli amici che si erano offerti di aiutarmi l'anno prima non sono in zona e la cara amica con cui pensavo di poter lasciare mia figlia durante quei giorni mi dice che non avrebbe potuto prendersene cura per tutta la durata del corso. Di nuovo mi sembra troppo difficile vincere le mie paure e trovare una soluzione. Inoltre non mi sono mai distaccata per così tanti giorni di fila da mia figlia, che anche se ormai ha quasi 8 anni mi sembra ancora così piccola, pensare di non poterle neanche mandare un messaggio per sapere come sta o una chiamata mi sembra troppo. Sono sul punto di rinunciare ma prima mando un messaggio all'amico che aveva aperto la prima “breccia nella mia mente” offrendomi il suo aiuto più di un anno fa; ora lui si trova in Nepal, quindi non mi potrà aiutare direttamente, ma gli racconto comunque che non so come fare e che forse è il caso che io annulli la mia partecipazione al corso. Mi risponde di pensare ad altre soluzioni e che dovrei cercare di non farmi sfuggire questa opportunità. In qualche modo riesce ad infondermi della nuova determinazione, faccio un giro di chiamate ad alcuni amici stretti di famiglia con cui mia figlia è abituata a stare e in men che non si dica ho organizzato un gruppo di persone che si prenderanno cura di lei durante i giorni del corso a turno, portandola a scuola facendole da mangiare e stando con lei. Non ho trovato un'unica persona per tutti i dieci giorni, ma più di una, l'unione fa la forza. Anche mia figlia è entusiasta di stare per un po' con gli zii e cuginetti acquisiti (così considera alcuni amici); è sempre stata una bambina indipendente a cui piace stare in compagnia e vive con emozione questo cambiamento di routine, come se andasse ad una gita, pure lei mi incita ad andare al corso!

Nella mia mente rimangono le classiche paure di una mamma attaccata a sua figlia, ma ormai non ho più scuse, so che i miei amici si prenderanno cura di Isha benissimo e in fin dei conti il corso è solo a qualche km da casa, in caso di un'urgenza posso sempre uscire prima della fine del corso dal centro di meditazione.


Quello che è successo durante il primo corso di Vipassana e con la pratica quotidiana di meditazione che ne è seguita ha dato una svolta ed è stato di enorme beneficio nella mia vita. Mi sono resa conto in modo esperienziale (non solo perchè l'avevo letto da qualche parte o capito intellettualmente o perché  me l'aveva detto qualcuno) di quanto le mie scelte ed azioni fossero determinate da dei condizionamenti. Specialmente ho iniziato a capire ed intravedere dove avessero origine le mie reazioni e come comportarmi se volevo coltivare una certa capacità di distacco al momento di prendere le decisioni nella mia vita, in modo da fare scelte che potessero realmente essere di beneficio a me e agli altri. Volevo fare un viaggio in India ma mi sono resa conto che il viaggio più importante che dovessi intraprendere era quello dentro di me, e per questo non avevo bisogno di andare così lontano. Capire come funziono, come vivere una vita sana, dove non faccio del male a me stessa o agli altri, e dove per lo meno ci provo al massimo delle mie capacità, è diventata la cosa più importante. Vivere la libertà, quella vera, che è un'esperienza interiore.


Qualche mese dopo il corso ho deciso di trasferirmi in Italia con mia figlia vicino al centro di meditazione Vipassana italiano per un periodo di volontariato. Ho deciso che la meditazione sarebbe stato il punto di partenza.


Tutti i corsi di Vipassana, così come insegnato da Goenkaji, sono gratuiti. Vengono organizzati da meditatori che offrono il loro tempo e lavoro per permettere ad altre persone di imparare questa tecnica di meditazione. Solo dopo aver terminato un corso intero di 10 giorni è possibile fare una donazione all'associazione in modo che sia possibile organizzare ulteriori corsi per altre persone.


Ho capito che questa tecnica di meditazione che mi stava aiutando così tanto è arrivata a me anche grazie allo sforzo di tante persone e dopo averne conosciuto alcune che si occupavano direttamente dell'organizzazione dei corsi mi sono lasciata ispirare ed ho deciso che prima di qualsiasi viaggio in terre lontane mi sarebbe stato di maggior beneficio approfondire la meditazione. Fare servizio ad un centro di Vipassana significa meditare e lavorare meditando, in un contesto che facilita e propizia l'auto-osservazione. Si ha l'opportunità di dare qualcosa agli altri, ma ci si rende ben presto conto che in realtà si sta aiutanto anche se stessi attraverso gli altri. In realtà è una specie di sano egoismo quello che spinge le persone al volontariato.


Così ho lasciato il Messico, una terra che amo profondamente e relazioni a me molto care per approfondire questa tecnica nella mia terra natale, approfittandone anche per stare più vicino anche alla famiglia d'origine e tornare a vivere nella mia cultura madre, dopo molti anni e da un altro punto di vista.


Grazie al servizio ho potuto imparare molto ed ho stretto nuove amicizie che mi hanno appoggiato nel cammino, anche prendendosi cura di mia figlia, in modo che potessi dedicare del tempo in più alla meditazione partecipando ad altri ritiri.

Mia figlia ha potuto vivere per la prima volta anche nella sua terra natale (dove aveva vissuto i primi 9 mesi della sua vita prima di andare a vivere in Messico), di imparare meglio la sua seconda lingua andando a scuola in Italia e di vivere le 4 stagioni in questo paese, entrando più a contatto con la sua cultura. Ha vissuto dei grandi cambiamenti e sicuramente è stata una sfida per lei adattarsi ad un nuovo sistema scolastico, fare nuove amicizie, ma sopratutto vivere ed accettare il distacco da persone a lei molto care in Messico; per me la sfida è stata accompagnarla in tutto questo, con tutte le sue emozioni e difficoltà. Allo stesso tempo ha fatto nuove esperienze con grande gioia ed emozione, come andare in una nuova scuola, scoprire nuovi paesaggi e stagioni (l'inverno con la neve), tessere nuove relazioni, assaporare nuovi cibi ed abitudini. Insieme abbiamo partecipato anche a dei piccoli corsi di meditazione per bambini e sento che questa esperienza è stata per lei come ricevere un piccolo seme che crescendo e se lo vorrà la aiuterà ad affrontare i cambiamenti della vita con più tranquillità e fiducia in se stessa.


Dopo un anno e mezzo di pratica quotidiana di meditazione, ed avendo praticato una buona dose di flessibilità a creatività nella risoluzione dei problemi, mi sono sentita pronta per intraprendere con Isha un viaggio in India nel “giusto stato mentale” e di rimettermi in gioco nel mondo.

***

Per chi fosse interessato a scoprire di più sui corsi di Vipassana in Italia:

https://www.dhamma.org/en/schedules/schatala 


Entrata a Dhamma Atala, Lutirano, Italia

Wednesday, February 5, 2020

Viajar, trasformarse y compartir


Viajar para mi significa abrirse voluntariamente a una transformación. Hacer una experiencia de vida donde te pones en contacto cercano con una cultura extranjera, donde conoces a la población local, compartiendo momentos juntos, donde entras en la intimidad de la vida de otras personas, de otras familias, de otros hogares, donde aprendes otro idioma. Viajar significa, sobre todo, abandonar tu zona de confort y tus condicionamientos para adoptar, aunque solo sea por un momento, la visión del otro, sus tradiciones, sus usos y costumbres. Observar la vida a través de un nuevo filtro, ponerse las gafas con lentes de otro color.

Viajar genera cambios irreversibles. Nos damos cuenta de que algunas de las certezas y seguridades en las que basamos nuestra vida y nuestras decisiones son muy "relativas" y ampliamos nuestra visión, mientras entendemos que el ser humano en su esencia es el mismo en todas partes. Viajar a menudo para mí también significa vivir en otra cultura durante largos períodos de tiempo, por meses.

Ser madre soltera y joven cambió mi vida, y no solo porque ser madre (o padre) la cambia a cualquiera, sino también y sobre todo por lo que significa en esta sociedad ser mujer, madre y tener una hija sin uno de los padres presente. La responsabilidad de otra vida que depende de mi y la presión que se siente por hacer las cosas de la manera más "socialmente aceptable" o a sacrificarse por los hijos puede hacer que los sueños y proyectos de vida que una(o) tenga se cierren en un cajón por miedo a no hacer lo correcto o porque simplemente se toman decisiones dictadas por las condicionamientos sociales o familiares.

Hacer lo que sientes y sueñas incluso si eres madre o padre, incluso si sientes esa "carga adicional" debido a la ausencia del otro padre, o si hay otras situaciones difíciles, es posible.
Desarrollar ciertas cualidades es fundamental: una capacidad de observación que te permita discernir entre miedos, imaginación y problemas verdaderamente insuperables, creatividad para resolver situaciones, organización, curiosidad, una buena dosis de valentía y, por último, una cierta tranquilidad interior (mental principalmente) que te permita aceptar las consecuencias de tus acciones (cualquiera sean) y navegar incluso en la tormenta. Quien sea que realmente logre ir más allá de sus miedos, sin querer cancelarlos, sino tomándolos de la mano, manteniendo las riendas de su vida, puede ser una fuente de inspiración para los demás.

Antes de salir de viaje con mi hija, escuché muchas historias de viajeros, me quedaba fascinada al escuchar sobre tierras y países lejanos, sobre encuentros, idiomas, tradiciones y aventuras. Aunque por un lado disfrutaba escuchando o leyendo estas historias, una parte de mí sentía que también podía ser una de esas viajeras, que quería ser protagonista y no solamente oyente de esos cuentos, pero pensaba que mi maternidad no me lo permitía.
La mayoría de las veces, las historias provenían de hombres y mujeres sin hijos y, a menudo, solteros en el momento de su viaje, y por lo tanto libres de viajar por el mundo a su antojo. Luego, cuando la idea de hacer un largo viaje con mi hija comenzó a tomar su lugar en mí, busqué y encontré historias de familias que viajaban. ¡Me di cuenta de que no era una idea tan extraña, y de hecho había muchas personas que ya estaban haciendo lo que yo quería hacer! Me dejé inspirar.. Pero aún persistía la idea de que estaba sola, que ciertamente habría sido posible, o tal vez simplemente no tan difícil hacer un largo viaje, si hubiéramos sido dos para criar a una hija, si hubiera tenido una pareja, y esta idea me di' cuenta, era una límite auto impuesto, eco de condicionamientos fuertes y antiguos. Esta idea se desvaneció gradualmente cuando comencé a contactar por correo electrónico y por teléfono a los padres que habían viajado con sus hijos a lugares inusuales y a hablar con personas que habían experimentado varias mudanzas o que habían viajado mucho en su infancia y vivido muchos cambios y que precisamente por esta razón, a pesar de algunas dificultades, habían desarrollado cualidades hermosas y enriquecedoras gracias a ello. En algún momento incluso llegó el contacto de una mama soltera de Lituania que vivía en Nepal con su hijo pequeño y con quien pude intercambiar mensajes alentadores. ¡Me di cuenta, gracias a todo este intercambio de historias, que lo único que me impedía tener las experiencias que quería eran mis límites mentales!

De ahí nace mi deseo de compartir la historia del viaje con mi hija a la India y Nepal (pero también en Italia antes de partir) en este blog, con la esperanza de que esta historia pueda inspirar a ir más allá de los límites y miedos y a tratar de hacer realidad los sueños en el cajón, abrazando el camino, lleno de altibajos y matices, porque ese camino es todo lo que hay, consciente de que solo al salir de la zona de confort es posible tener una visión más profunda de la vida.



Viaggiare, trasformarsi e condividere


Viaggiare significa aprirsi volontariamente ad una transformazione.
Fare un'esperienza di vita che ti porta a stretto contatto con una cultura straniera, conoscere la gente locale, condividere momenti insieme, magari entrare nell'intimità di una famiglia, della loro casa, imparare una nuova lingua. Viaggiare significa soprettutto uscire dalla propria zona di confort e dai propri condizionamenti per adottare anche se solo per un momento la visione dell'altro, le sue tradizioni, i suoi cosumi o usanze. Osservare la vita attraverso un altro filtro, provare a mettersi gli occhiali con la lente di un altro colore.

Viaggiare genera cambiamenti irreversibili. Ci si rende conto che alcune delle certezze o sicurezze sulle quali basiamo la nostra vita e decisioni sono molto “relative” e si amplia la propria visione, mentre si scopre che l'essere umano nella sua essenza è uguale ovunque.
Viaggiare significa tutto questo per me e spesso significa vivere in un'altra cultura anche per lunghi periodi di tempo.

Essere madre single e di giovane età mi ha cambiato la vita, e non solamente perchè essere genitore cambia la vita a chiunque, ma anche e sopratutto per ciò che significa in questa società essere donna, madre ed avere una figlia senza un genitore presente.
La responsabilità di un'altra vita a carico e la pressione che si sente a fare le cose nel modo più socialmente “accettabile” e a sacrificarsi per i propri figli a volte fa si che si chiudano in un cassetto sogni e progetti per paura a non fare la cosa giusta o perchè semplicemente si fanno delle scelte dettate dai condizionamenti sociali o familiari.
Fare ciò che senti e sogni anche se sei madre o padre, anche se senti quel “carico extra” dovuto alla mancanza dell'altro genitore, o ci sono altre situazioni difficili, è comunque possibile.

Sviluppare certe qualità è essenziale: una capacità di osservazione che permetta di discernere tra paure, immaginazione e problemi realmente insormontabili, creatività nel risolvere le situazioni, organizzazione, curiosità, una buona dose di coraggio e ultimo però non meno importante una certa tranquillità interiore (mentale) che permetta di accettare le conseguenze delle proprie azioni e navigare anche nella tempesta. Chiunque riesca realmente ad andare oltre le proprie paure, senza volerle annullare, ma anzi prendendole per mano, mantenendo comunque le redini della propria vita, può essere fonte di ispirazione per il prossimo.
Prima di partire in viaggio con mia figlia, ho ascoltato tante storie di viaggiatori, rimanendo ammaliata a sentire di terre e paesi lontani, di incontri, lingue, tradizioni ed avventure. Se da un lato godevo di queste storie, una piccola parte di me sentiva che avrei potuto essere anche io una di queste viaggiatrici, ma che la mia maternità non me lo permetteva.
Nella maggior parte delle volte i racconti provenivano da uomini e donne senza figli e spesso anche single al momento del loro viaggio, e quindi liberi di girare il mondo a piacimento. Poi quando l'idea di fare un viaggio lungo con mia figlia ha iniziato a prendere piede in me, ho iniziato ad cercare ed incontrare storie di famiglie viaggiatrici. Mi sono resa conto che non era un'idea così strana e che anzi c'erano tante persone che stavano già facendo quello che volevo fare io!
Ma persisteva ancora in me l'idea che ero sola, che certo sarebbe stato possibile, o forse semplicemente non così difficile fare un viaggio lungo, se fossimo stati in due a crescere una figlia, e questa idea era un limite autoimposto, eco di forti e antichi condizionamenti. Questa idea è sfumata poco a poco quando ho iniziato a contattare via mail o per telefono genitori che avevano viaggiato con i propri figli in luoghi insoliti, e parlando con persone che avevano vissuto vari trasferimenti o viaggiato molto nella loro infanzia e che proprio per questo avevano, nonostante delle difficoltà, sviluppato delle belle qualità.
Ad un certo punto è arrivato anche il contatto di una mamma della Lituania che viveva in Nepal con suo figlio con cui ho potuto scambiare dei messaggi incoraggianti.
Mi sono resa conto, grazie a tutte queste condivisioni di storie, che la base di ciò che mi frenava dal fare le esperienze che volevo era costituita dai miei limiti mentali!

Questo testo nasce quindi con la speranza che il racconto della mia esperienza, possa ispirare ad andare oltre i propri limiti e paure e provare a realizzare i sogni nel cassetto abbracciandone il cammino, pieno di alti e bassi e sfumature, consapevoli che solo uscendo dalla propria zona di confort è possibile avere una visione più profonda della vita.


Lutirano, l'inizio del viaggio, Italia

Bosque amante obscuro

 Otra poesía que he traducido "artesanalmente" al español de mi poetisa favorita italiana Mariangela Gualtieri,. Que la disfruten ...